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En Medellín Francisca hizo su bachillerato y se fue a los 15 años a Manizales a estudiar comercio. Tres años después decide ir a Bogotá e internarse en el noviciado. Allá tenía dos tías religiosas, hermanas de su padre: Mercedes y Agustina Tobón. Durante su estadía en Bogotá, fue educadora del primero hasta el quinto grado. Luego la trasladaron a Bucaramanga, donde permaneció por 11 años y fue consejera provincial, siempre visitando enfermos y rezando con ellos. De Bucaramanga la siguió en Venezuela. Fue enviada a Caracas, donde vivió y colaboró con la Casa Cuna. Allí fundó Casa del Guarataro, instituciones dedicadas a ayudar al necesitado. Desde que llegó a Maracaibo, en 1975, vivió en el colegio La Presentación, donde daba la catequesis. En 1991 abrió la Casa de la Misericordia y se entregó a levantar este refugio espiritual. Desde finales del `98, vive en la Casa de la Misericordia junto con tres hermanas. Se levanta a las 4:00 de la madrugada a hacer sus oraciones, pues durante el día es poco el tiempo que le dejan disponible sus enfermos y necesitados de ayuda espiritual. Luego de desayunar baja las escaleras hacia su oficina. En la puerta de su consultorio un retablo que dice: “Ave María” da la bienvenida a las 12 personas que la visitan todas las mañanas. Pero si otras más acuden y el tiempo apremia para la jornada vespertina de visitas a enfermos, ella sale de su oficina y no permite que alguien se marche sin haber recibido su oración vivificante y consoladora. También ha visitado innumerables enfermos en sus casas. A unos les ha visto sanarse, a otros les ha despedido con oraciones. Pero lo que es infaltable, es la profunda sensación de paz y alegría que su presencia genera en cada espacio donde llegue y ore. Entre las personas devotas de la oración y presencia de la Hermana Francisca, se cuenta la cantante Olga Tañón, quien la visita cada vez que viene a Maracaibo. La jornada vespertina comienza a la 1:00 de la tarde, cuando la van a buscar las voluntarias y sale a recorrer las calles de Maracaibo para orar y llevar la comunión a los enfermos. Todas las tardes, a las 5 y media, asisten a misa en la Iglesia San Vicente de Paúl, tal como lo hacía con su padre cuando era una niña. En cuanto a su misión en la tierra, la hermana Francisca dice: “Creo que estoy sobreviviendo, pero estoy las manos de Dios. Si él cree que mi vida puede continuar haciendo el bien, hasta que él quiera lo haré”. Uno de los aspectos más resaltantes de la Hermana Francisca es que sus devotos incluyen gente de todas las edades y condición social. Hay quienes dicen que tiene el don de la ubicuidad: así lo refrenda la Hermana Esperanza, según testimonio dado por un enfermo, quien afirma que la vio a los pies de su lecho a la misma hora que ella se encontraba en sus menesteres de la Casa de la Misericordia. Lo que sí es un hecho cuantificable y palpable es la creciente cantidad de personas que todas las mañanas acuden a las puertas de la sencilla vivienda transformada en consultorio, con la esperanza de obtener la bendición y la sanación de la diminuta, impecable y dulce Hermana Francisca de Maracaibo.
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