La hermana Francisca de los Ángeles Fundadora de la casa de la Misericordia.

¿Qué es la casa de la misericordia?

Inaugurada en el año 1991, por la hermana colombiana Francisca de los Angeles es una institución sin fines de lucro, que ayuda al necesitado integralmente, respetando la dignidad del ser humano y expresando el amor de Dios a través de las obras de Misericordia.

Objetivos

Atender a los enfermos del alma y del cuerpo.

 Quienes pueden y quieren trabajar se les proporciona material que les ayude a conseguir el sustento diario y también colocación para trabajo como empleados.  Varios médicos prestan servicios gratuitos en especialidades como: ginecología, pediatría, internistas, acupuntura, psicología y naturismo. Así mismo se prestan servicios médicos odontológicos y se realizan citologías vaginales, contando con un buen servicio paramédico; y también prestamos servicios de asesoría jurídica.

Hermana Francisca de los Ángeles, es hermana de la caridad. En su puerta encuentra la siguiente oración “Si se encuentra algún pobre entre tus hermanos, que viven en tus ciudades, en la tierra que Yavé te ha de dar, no endurezcas el corazón, ni le cierres tus manos, sino ábrelas y préstale todo lo que necesita”

“cuando les des algo, se lo has de dar de buena gana, porque por esto te bendecirá Yavé, tu Dios, en todas tus obras y empresas” (Deuteronomio 15.7-8-10)

Dirección:  Av. 19 Nº 65-44 Maracaibo Venezuela Telf. 0261 7517672 Teléfono: 0424 6570576 Hermana Esperanza Cadavid.

Biografia

Ana Josefa Tobón Arveláez, colombiana de nacimiento, ha vivido los últimos 35 años de su octogenaria vida en Maracaibo, Vernezuela, donde bajo el nombre religioso de la Hermana Francisca de los Ángeles, es considerada una santa en vida.

Decenas de personas acuden a ella diariamente en busca de su palabra pacificadora y del poder sanador que emana de su diminuto cuerpo, a través de sus manos, que con amor coloca generosamente a quienes la buscan o a los enfermos que ella va a visitar a los hospitales.

Ella repite a quien le pregunte que al imponer las manos siempre piensa que son las de Jesús y la Virgen María. Y es ésa la razón por la cual accede con sutil elegancia a

que le tomen fotos o la graben, pues es una forma de comunicar el testimonio de servicio al prójimo que Cristo nos pide.

Huelgan los testimonios de curaciones milagrosas a través de las manos y la oración de la Hermana Francisca, quien invoca el poder de la Sangre de Cristo. La Hermana Esperanza Cadavid, su discípula y compañera de décadas, asegura que le enciende velas porque le consta la santidad y acciones milagrosas de Dios a través de esa frágil anciana que sonríe con ternura y algo de humor en los ojos.

Esperanza Cadavid relata cómo la ha visto desplegar una energía incansable para atender a quienes a ella acuden todas las mañanas, desde la Casa de la Misericordia, tomar un almuerzo frugal –muchas veces de pie, siempre vegetariano- y salir enseguida a visitar enfermos en clínicas y hospitales.

 La Hermana Francisca nació el 16 de noviembre de 1916 en un pueblo cerca de Medellín, llamado Carmen de Viboral. Sus padres trasladaron a la numerosa familia –diez hermanos- a Medellín, donde transcurrió su infancia en medio de una ambiente de profunda religiosidad católica.

El catolicismo marcó la familia de Ana Josefa. “Mi hermana Celina Inés fue religiosa y murió en Chile hace cinco años, y mi hermano sacerdote Francisco José, murió en Medellín hace 10 años”, contó Francisca.

 

En Medellín Francisca hizo su bachillerato y se fue a los 15 años a Manizales a estudiar comercio. Tres años después decide ir a Bogotá e internarse en el noviciado. Allá tenía dos tías religiosas, hermanas de su padre: Mercedes y Agustina Tobón.

Durante su estadía en Bogotá, fue educadora del primero hasta el quinto grado. Luego la trasladaron a Bucaramanga, donde permaneció por 11 años y fue consejera provincial, siempre visitando enfermos y rezando con ellos.

De Bucaramanga la siguió en Venezuela. Fue enviada a Caracas, donde vivió y colaboró con la Casa Cuna. Allí fundó Casa del Guarataro, instituciones dedicadas a ayudar al necesitado.

Desde que llegó a Maracaibo, en 1975, vivió en el colegio La Presentación, donde daba la catequesis. En 1991 abrió la Casa de la Misericordia y se entregó a levantar este refugio espiritual.

Desde finales del `98, vive en la Casa de la Misericordia junto con tres hermanas. Se levanta a las 4:00 de la madrugada a hacer sus oraciones, pues durante el día es poco el tiempo que le dejan disponible sus enfermos y necesitados de ayuda espiritual.

Luego de desayunar baja las escaleras hacia su oficina. En la puerta de su consultorio un retablo que dice: “Ave María” da la bienvenida a las 12 personas que la visitan todas las mañanas. Pero si otras más acuden y el tiempo apremia para la jornada vespertina de visitas a enfermos, ella sale de su oficina y no permite que alguien se marche sin haber recibido su oración vivificante y consoladora.

También ha visitado innumerables enfermos en sus casas. A unos les ha visto sanarse, a otros les ha despedido con oraciones. Pero lo que es infaltable, es la profunda sensación de paz y alegría que su presencia genera en cada espacio donde llegue y ore.

Entre las personas devotas de la oración y presencia de la Hermana Francisca, se cuenta la cantante Olga Tañón, quien la visita cada vez que viene a Maracaibo.

La jornada vespertina comienza a la 1:00 de la tarde, cuando la van a buscar las voluntarias y sale a recorrer las calles de Maracaibo para orar y llevar la comunión a los enfermos.

Todas las tardes, a las  5 y media, asisten a misa en la Iglesia San Vicente de Paúl, tal como lo hacía con su padre cuando era una niña.

En cuanto a su misión en la tierra, la hermana Francisca dice: “Creo que estoy sobreviviendo, pero estoy las manos de Dios. Si él cree que mi vida puede continuar haciendo el bien, hasta que él quiera lo haré”.

Uno de los aspectos más resaltantes de la Hermana Francisca es que sus devotos incluyen gente de todas las edades y condición social. Hay quienes dicen que tiene el don de la ubicuidad: así lo refrenda la Hermana Esperanza, según testimonio dado por un enfermo, quien afirma que la vio a los pies de su lecho a la misma hora que ella se encontraba en sus menesteres de la Casa de la Misericordia.

Lo que sí es un hecho cuantificable y palpable es la creciente cantidad de personas que todas las mañanas acuden a las puertas de la sencilla vivienda transformada en consultorio, con la esperanza de obtener la bendición y la sanación de la diminuta, impecable y dulce Hermana Francisca de Maracaibo.